Hasta siempre, Gonzalo querido
miércoles, 12 de octubre de 2016
sábado, 30 de julio de 2016
Carmeta, mi tía querida
Los ojos verdes, chispeantes, preciosos, de Carmeta es
el primer brillo que nos deslumbra al verla, pero enseguida hay algo más
intenso que nos envuelve: su simpatía.
Su gracia
innata, eterna y espontánea viene de su inteligencia y de su sagaz
percepción del mundo. Encuentra el requiebro y la singularidad en todo lo que
la rodea y sabe disfrutar desde lo más íntimo hasta lo más abierto.
En mi
infancia, el momento más luminoso era cuando me quedaba sola con ella y la
miraba arreglarse para salir. La observaba embelesada cuando se maquillaba, se
peinaba, se vestía. Yo quería ser como Carmeta. Soñaba que algún día podría ser
tan guapa como ella, aunque ya desde muy niña yo sabía que nadie podía tener esa
personalidad arrolladora y a la vez. Combinar con tanta naturalidad la simpatía y
la ternura es algo que no he encontrada en nadie más que en Carmeta, mi tieta
querida.
Recuerdo con
deleite las horas que pasábamos echadas en su cama, en casa de la Yaya,
mientras me contaba historias y anécdotas que para mí eran las del mundo
prodigioso de una mujer fascinante.
Todos conocen
su talento para contar chistes. Nadie puede igualarla. El combate que en
algunas memorables sobremesas se entablaba entre Carmeta y Fernando Colchero
Landa, era despiadado, pero hay que reconocer que Carmeta terminaba ganando,
pues además de su incomparable salero, es previsora y siempre llega armada de
una libretita que saca de su bolso de Mary Poppins, donde lleva anotadas, en
un estilo único e indescifrable, las claves de cada chiste.
La cereza del pastel, como diríamos, de
todas las navidades o reuniones familiares, cuando casi todos estaban ya bien
achispados o agotados, era ver a Carmeta bailar las rumbas de Peret. Yo le hacía comparsa,
pero no sin vergüenza por no estar a la altura de su garbo, claro.
Más de una vez, ya en mi
adolescencia, nos íbamos en pantuflas o como fuera, en la madrugada, a por unos
taquitos de Santa María la Rivera y nos los comíamos en el coche, felicísimas.
Así nada más, por el puro antojo. Y, de esta manera, podría pasarme días recordando anécdotas.
Su
generosidad es proverbial. Todos sabemos que con Carmeta siempre se puede
contar. Además, nadie como ella
despliega tanto donaire y desenfado cuando nos tiende la mano. Su desprendimiento
no viene envuelto en cálculo de reciprocidad ni en jactancia alguna, sino en cariño y
sinceridad.
La crianza de sus tres hijos
no la convirtió en una señora seria o dura, al contrario, aumentó su desparpajo y
sus ganas de vivir. A lo largo de los años, los altibajos y los sinsabores no han hecho decaer su
luminosidad. Cubierta de piedrones, como ella llama a las joyas que tantísimo
le gustan, o en bata de casa, su alegría nos ilumina a todos.
Cada
época de mi vida ha estado marcada por su generosidad, su risa incomparable y su calidez. Por ello mi vida ha sido mucho mejor, y le estoy
muy agradecida.
Hoy, en los
días más terribles para mi adorada Carmeta, sólo quiero que sepa lo muchísimo
que la quiero y la admiro.
Siempre estaremos
muy cerca, Carmeta querida; llorando o riendo, siempre abrazadas
domingo, 7 de febrero de 2016
"Truman": harta de los premios de cine; pobre Goya
"Truman": harta de los premios de cine; pobre Goya
Hoy amanezco
con la noticia de que a la película española Truman le han dado cinco Goyas, el
premio de cine más importante en España . Ni más ni menos que por mejor
película, dirección, guión y actores.
Bien, pues
hace cosa de dos meses, llevada por mi gusto por Ricardo Darín, me lancé a ver la
dichosa película. Resistí sólo porque tenía un compromiso
después y no quería volver a casa.
Llegué a la cena comentando
que hacía muchísimo tiempo que no veía una película tan aburrida, ilógica y
pretenciosa. Los personajes expresan reacciones absurdas constantemente; el tempo es aplastante
pues nunca pasa nada; y el perro, Truman, es olvidado por completo, a pesar de
ser, supuestamente, el centro de la vida del protagonista.
Un horror de
aburrimiento y sinsentidos, llena de clichés pretenciosos, pero eso sí, el guionista y
director sentía que estaba haciendo la obra de arte máxima, no cabe duda, pero
lo que hizo fue una bodrio que coló o porque se impuso su pedantería y el manido tema del moribundo de cáncer o porque está apoyada por
el cenáculo cinematográfico español.
El público me parece que se dice lo siguiente: como la
película cuenta la historia de un moribundo de cáncer, donde nadie
llora ni se desespera, pues nada, tiene que ser buena, "de arte".
Y yo digo, pobrecito, como no le van a dar un premio al moribundo, ya que en la película parece que nadie sufre por él, pues todos sus "seres queridos" son personas muy templadas que censuran con frialdad la decisión del enfermo de dejar los tratamientos, expresando su desacuerdo mediante inverosímiles diálogos y diatribas moralinas enmarcadas, claro, en la imperante corrección política. Vamos, que encima de cornudo, apaleado; moribundo y regañado.
Todo esto para que nada huela a melodrama. La intención del guionista-director, Cesc Gay, es que su obra no tenga tufo a telenovela. Pues sí que lo logra, pero a lo que apesta es a falsedad.
Y yo digo, pobrecito, como no le van a dar un premio al moribundo, ya que en la película parece que nadie sufre por él, pues todos sus "seres queridos" son personas muy templadas que censuran con frialdad la decisión del enfermo de dejar los tratamientos, expresando su desacuerdo mediante inverosímiles diálogos y diatribas moralinas enmarcadas, claro, en la imperante corrección política. Vamos, que encima de cornudo, apaleado; moribundo y regañado.
Todo esto para que nada huela a melodrama. La intención del guionista-director, Cesc Gay, es que su obra no tenga tufo a telenovela. Pues sí que lo logra, pero a lo que apesta es a falsedad.
El público nos dejamos chantajear emocionalmente en el cine, vamos a eso muchas veces, Hollywood lo suele hacer con gracia, pero me asombra que ahora también nos dejemos chantajear por una película carente de emociones. Pero como tiene un tono muy serio, seriesísismo, y de cosa muy
sesuda, tempo de aburrirse a morir, y como excluye toda posible expresión dramática,
pues da la falsa apariencia de película de "calidad".

No, señores de los premios,
Ladrones de bicicletas, es una obra de arte; El ángel azul, es una obra de
arte; La celebración, es una obra de arte. Las emociones y la profundidad en el
retrato de los personajes hacen una obra de arte, no la lentitud y
la frialdad. Truman no es una historia de emociones
contenidas, sino de ausencia de emociones, plagada de discursos pedantes.
No
en vano cuando veo en los carteles esos laureles que enmarcan los premios
obtenidos por una película, tengo por costumbre no ir a verla. ¿Qué
soy una exagerada? No, es que ahora el cine cuesta muy caro y mi tiempo es muy
valioso como para perderlos ambos en una tarde.
viernes, 23 de octubre de 2015
El "Mundo feliz" autoinflingido y el nuevo "argumentum autofascista" o apelación a nuestro bien
EL MUNDO FELIZ
AUTOINFLINGIDO Y EL NUEVO ARGUMENTUM
AUTOFASCISTA O APELACIÓN A NUESTRO BIEN
Menos mal que nací en otra
época, porque de haber sido niña hoy, me hubiera perdido de un montón de cosas.
Al menos llegué a vivir los estertores de un mundo más libre, menos estúpido, y
que añoro profundamente.
Hoy, gran parte de la gente cree que los
niños son idiotas y que hay que ocultarles el “mal” o la diversidad de
opiniones, en lugar de mostrarles sus consecuencias y las múltiples
facetas humanas, para que a partir de esos ejemplos vayan forjando su criterio y tomen precauciones. No, es mejor no mostrarles el “mal” y borrar
de su entorno cualquier comentario o connotación que, según el
criterio de los nuevos censores populares, es racista, machista, peyorativo o
simplemente trágico.
Así, se borró la muerte de la madre de Bambi, y hoy,
los parlamentos “machistas” o “racistas” de los personajes de unos viejos cuentos
para niños en España, llamados “Los cinco”, de Enid Blyton. En la nueva versión ya no se le
tocará ni con el pétalo de una rosa a las mujercitas. ¡La editorial alteró,
mutiló y censuró, en su nueva edición, el texto de la autora por considerarlo
machista y racista! Han pasado por encima del derecho de autor, pidiéndole autorización
a los herederos (que no son quién para decidir por la autora muerta sobre el
contenido de su obra), para mutilar los libros. Qué huevos tienen estos
editores y parientes, ansiosos de ganar dinero muchos años más con los derechos
renovados. Pero mucho peores son los que aplauden este delito contra la autora,
pues nada ganan y sólo alimentan un delito, pero eso sí, ejercen su
“derecho” a censurar.
Estoy
taaaan harta y aburrida. Hoy, a los ciegos no se les puede llamar ciegos, ni a los
sordos, sordos, ni a los ancianos, ancianos, ni a los cojos, cojos, ni a los
débiles mentales, débiles mentales, ni a los negros, negros. Llamarles
invidentes, deficientes auditivos, adultos mayores, discapacitados, o con capacidades
diferentes y gente de color (preguntaría: ¿cuál color?) no los hará ni ver, ni
oír, ni rejuvenecer, ni dejar de cojear, ni corregir su deficiencia, ni cambiar
su color de piel.
Pero lo más patético es la agenda
feminista que, en muchos casos, ya
considero fascista. Las mujeres no somos unas pobrecitas necesitadas de
protección, ni tenemos una discapacidad para que tengamos que recurrir a leyes
de discriminación positiva o a cruzadas contra todo comentarios que cataloguemos,
arbitrariamente o no, como machistas. Es fundamentalismo vil y vulgar eso de
sacar la espada cada vez que alguien menciona en ficción, ensayo o comentario
algo que consideran estas mujeres, militantes sin tregua, que tiene una
connotación machista. Qué fácil, ¿verdad? Así que todas las mujeres que
aparezcan en las historias deben ser ejemplares, porque sino, el autor o autora es machista.
Vaya puta locura. No hay mujeres hijas de puta, no, cómo se me ocurre. Ah, y si
no aparece una mujer como protagonista ya ponen el grito en el cielo. Pero
vamos a ver, y si a mí como autora no me da la gana poner a ninguna mujer en mi
obra, película, espectáculo o empresa, ¿qué? Y si retrato a una arpía, como muchas que
conozco, ¿qué? Estoy en todo mi derecho. Faltaría más.
Las leyes me deben proteger de los delitos,
igual que a los hombres, y punto. Y si hay diferencias entre salarios para
mujeres y hombres, se debe luchar por corregirlo y punto, porque es una
injusticia.
Vaya tiempos fascistas vivimos, peor aún, tiempos,
digamos, autofascistas. Pues es la propia gente quien está construyendo este
repugnante Mundo feliz. Solitos
estamos limitando nuestra libertad al limitar la libertad de los demás. Nos
creemos con el derecho de señalar con el dedo e imponer nuestra visión del
mundo a los demás, con la repugnante coartada de que es por “nuestro bien” y
“por el bien de los desprotegidos”.
Los “bienintencionados” censores claman al cielo: “No está bien que en una película o libro se denigre -según ellos- a la mujer, o a los homosexuales, o a los negros, o a los niños, o a las indios, o a la iglesia, o a…”. Y se pide la censura, o se busca denostar a los autores. Si no te gusta, no la veas, no lo leas o critícame, pero con qué derecho te atreves a pedir la censura. Yo digo y pienso lo que me da la gana, y el intento de censurarme o denostarme por ejercer mi derecho a hablar, crear o actuar sin cometer un delito, es una actitud fascista.
Los “bienintencionados” censores claman al cielo: “No está bien que en una película o libro se denigre -según ellos- a la mujer, o a los homosexuales, o a los negros, o a los niños, o a las indios, o a la iglesia, o a…”. Y se pide la censura, o se busca denostar a los autores. Si no te gusta, no la veas, no lo leas o critícame, pero con qué derecho te atreves a pedir la censura. Yo digo y pienso lo que me da la gana, y el intento de censurarme o denostarme por ejercer mi derecho a hablar, crear o actuar sin cometer un delito, es una actitud fascista.
Lo más asqueroso es el argumento de qu es “por tu bien”. “Por
tu bien te reviso como criminal en los aeropuertos”; así que agacho la cabeza y
después, aplaudo. “Por tu bien te prohíbo expresarte libremente”. “Por tu bien te prohíbo fumar hasta en tu casa”. “Por tu bien borro de las obras de
ficción toda comentario racista o machista”. "Por el bien de todos te prohíbo contar chistes de mujeres, niños, homosexuales, negros, chinos, perros...". Y muchos etcéteras más.
En México, por ejemplo, han
llegado a la locura de aplaudir la subida de los impuestos a los refrescos para
que “los otros” no se pongan obesos. Están tratando a la gente
como imbécil, primero, y después, les importa muy poco que no tengan para juguito de naranja, ¿verdad? No, señores, la gente toma cocacola porque no tiene para otra bebida y necesita las calorías. O simplemente, porque le da la gana. Y nada más falta que
me castiguen con impuestos porque quiero tomar refrescos, o ser obeso, o flaco
o lo que yo quiera. Si es veneno, que se prohíba su venta, si no, dejen en paz
a la gente que consuma lo que le dé su real gana.
Y cuidado si cuestionamos a la sacrosanta
medicina o a la ciencia imperante. Nada de eso. Los científicos y los médicos
son oráculos a los que no se les cuestiona. Si ellos dicen que algo es malo, es
malo y te callas. Aunque no haya pruebas suficientes y el remedio, por
supuesto, los beneficie directamente, en dinero, empleos y demás canongías.
Y que no se nos ocurra tampoco cuestionar
las acontecimientos. Eso de las conspiraciones es producto de imaginaciones
enfermizas. Claro que no, el poder jamás ha recurrido a conspiraciones secretas,
cómo se me ocurre. La historia lo desmiente, una y otra vez, pero no importa, eso
de creer que hoy políticos, empresarios y banqueros se ponen de acuerdo a
nuestras espaldas para hacer de las suyas, es una infamia y el resultado de una
mente desequilibrada. Nada, nada, las conspiraciones no existen más que en la
imaginación de las malas personas, desconfiadas, paranoicas y de mal gusto.
Así, llegaremos a vivir en el Mundo feliz de
Huxley, pero lo que él no imaginó es que sería un mundo feliz autoinflingido.
Como tampoco George Orwell hubiera creído que nosotros mismos nos
convertiríamos voluntaria y entusiastamente en el gran hermano. El poder, el
status quo, la autoridad no tiene ya que molestarse en controlarnos, lo hacemos
nosotros mismos. Nosotros, en nuestra vida diaria, pero también asistidos y
magnificados por esa gran pantalla exhibicionista y pueril que son las redes
sociales, denunciamos y perseguimos a nuestro vecino, al autor que infringe la
corrección política, al que osa denunciar una conspiración, a quien levanta la
voz contra una injusticia de las de verdad, y a todo el que no nos gusta lo que
dice o hace. Y lo increíble es que se hace en nombre de la ¡TOLERANCIA! Puta
esquizofrenia.
Hoy debemos acuñar un nuevo argumento falaz,
que iría entre el argumento ad novitatem, apelación a la novedad y el
argumento ad populum, sofisma populista, y al que podríamos llamar: ARGUMENTUM
AUTOFASCISTA o APELACIÓN A NUESTRO BIEN.
martes, 19 de mayo de 2015
DENUNCIO: han usurpado mi imagen y mi nombre en internet
DENUNCIO: han usurpado mi imagen y mi nombre en internet
Hace varios días recibí la información de que una página de encuestas había usurpado mi identidad mediante un copia de la imagen de mi cuenta de facebook, para escribir un texto -que a todas luces no es mío-, aceptando un premio por contestar una encuesta, que por supuesto jamás respondí.
Pero no se limitaron a cometer el delito de usurpar mi identidad, sino que lo hicieron también con la de un querido amigo fallecido hace varios años, Guillermo Mendizabal, que tiene aún activa su cuenta en facebook.
Como sucede en el mundo actual, y aún peor en el ciberespacio, los caminos para la denuncia son impenetrabales. ¿Ante quién denuncio este delito? La policía se reiría de mí. ¿Cuánto tiempo sobreviviría una página si le llega una demanda? Minutos. ¿Quién está detrás de las páginas? Fantasmas.
Pues sí, estamos expuestos a que pongan palabras y declaraciones en nuestro nombre, sin que podamos hacer nada. Es por esta razón que cada día desconfío más de cualquier información en internet.
Además, cuidado, pues los plagios en el ciberespacio son una epidemia. Hace unos días también me enteré de que un texto mío había sido plagiado de este mismo blog, La cucaracha. Lo reporté a la página en cuestión y se solucionó: a ellos, la plagiaria les habían dado mi texto como suyo y ellos no sospechaban del plagio, por supuesto. Pero llevaba dos meses colgado sin que yo me diera cuenta.
MORALEJA: Pongo en duda toda información que no viene de páginas de probado profesionalismo y que haya consultado ya muchas veces. Y aun así, espero a reconfirmarla en otra fuente. Los blogs de autores anónimos no suelo leerlos, pues desconfío de su información, por supuesto.
Cualquiera puede abrir un blog, una página, un perfil de facebook, de twitter (hay varios con mi nombre y mi imagen que he reportado y vuelven a salir) y poner el disparate que se les ocurra, difamaciones, mentiras o utilizar nuestra imagen para lucrar o para promocionarse, todo sin consecuencia alguna.
"La ocasión hace al ladrón": detrás del anonimato y la impunidad que ofrece el ciberespacio, la gente tiene libertad absoluta de inventar, abusar, difamar y plagiar.
jueves, 23 de abril de 2015
Feliz 80 Aniversario, querido Rius
Feliz 80 Aniversario, querido Rius
El artista que domina el humor y la sátira te
hace bajar las defensas y cuando más entregado y plácido estás, te asesta un
jeringazo y te inocula la idea con la cual te quedarás para siempre, pues entró
al cerebro sin resistencia, ni necesitó de deducciones o sesudas
elucubraciones. Hay pocos genios con este talento: Chaplin en el cine, Molière
en la dramaturgia, y en los monos, Eduardo del Río, Rius, quien para
entregarnos ideas universales y crónicas y picaresca nacionales, tuvo que
burlar con habilidad de mago y extraordinaria valentía la censura mexicana en
los años más duros de la dictadura priísta. Rius no claudicó ni después de haber estado a punto de morir a mano de los sicarios del infame
presidente Díaz Ordaz que lo mandó secuestrar en 1969 para silenciarlo... No,
Rius ni así se calló.
La
sociedad y la política mexicana, controlada por una tiranía de partido, poseía
características muy particulares. Ante el mundo, México aparentaba ser una
democracia (hasta de tintes “progresistas” en algunos momentos, como en época
de Echeverría), pero al interior existía un férreo control político, ideológico
y moral. Los medios de comunicación eran voceros absolutos del Estado y
cualquier manifestación pública contraria a sus intereses era perseguida sin
tregua. Rius, con su sabiduría, picardía y valor nos ha entregado a los
mexicanos, por un lado, las ideas proscritas por el régimen, y por otro, ha
hecho de sus personajes nuestros voceros, con los que retrata nuestras
penurias, nuestra sagacidad para enfrentar los problemas y nuestras formas
ladinas de darles la vuelta.
Rius es mucho más que un monero agudo; es uno de
los pocos artistas que nos mostró el mundo que existe fuera de nuestras
cerradas fronteras, de nuestra hermética sociedad, y nos señaló con humor, con
todas las argucias de su arte de monero, lo más crudo de nuestra idiosincrasia.
Rius nos zarandeó con sus monos e hizo que nos reconociéramos en el lamento del
que Paz decía: “Nuestro grito es una
expresión de la voluntad mexicana de vivir cerrados al exterior, sí, pero sobre
todo, cerrados frente al pasado”. Rius ahogó ese grito. Al mostrarlo
descarnadamente no nos quedó más remedio que reírnos de él, rompiendo así su
maldición fatídica.
A pesar de nuestras maneras subrepticias e
irónicas, en el fondo los mexicanos reconocemos el poder como una entidad
superior, y al PRI, durante muchas décadas y quizá aún hoy, como su
“representante en la tierra”. Pero Eduardo del Río, desembarazándose de ese
respeto mexicano al poder, ha sido un irreverente con él; ni en broma se lo
toma en serio. Y ha sido y es implacable con las acciones del poder; en broma
se las toma muy en serio. Reírnos de ese poder gracias a Rius ha tenido no sólo
un efecto catártico para nosotros, sino subversivo; efecto que crece al calor
del desparpajo y la sabiduría de sus monos.
Los mexicanos nos burlamos de la tragedia para evadir la acción y para encontrar un poco de falsa justicia universal. “El poderoso es un chingón y el infeliz, un pendejo”; con esa simple clasificación encontramos el balance moral para no alterar el orden y resignarnos a nuestro destino, como individuos y como nación. El pobre se merece su suerte por pendejo; el chingón, por chingón. Pero a diferencia de otros moneros que sólo se regodean en nuestra resignación ataviándola de picardía, Rius pone el dedo en la llaga y no nos da tregua. El ácido y doloroso humor nacional no lo usa para demostrar que puede hacer mejores albures o construir ironía más punzantes, sino para sacudirnos, para mostrarnos que no somos hijos de la fatalidad de la que hacemos mofa, como de la mala suerte y la muerte, sino que, de vuelta a la referencia de Paz, “Para nosotros, contrariamente a lo que ocurre con otros pueblos, abrirse es una debilidad o una traición. El mexicano puede doblarse, humillarse, "agacharse", pero no "rajarse", esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad”, y Rius nos abrió y nos sigue abriendo.
La irreverencia de Rius no está compuesta de
agresión y grosería, sino que es el rompimiento contundente de la Forma, con F
mayúscula como la escribe Paz.
La Forma y la formalidad del mexicano pelea
contra nuestro connatural sarcasmo, pero casi siempre triunfa la Forma, y aquí
Rius también nos da unas cuantas cachetadas. Como ejemplo, recojo un chusco
botón que está dentro de la deliciosa caja de costura que es su Diccionario
de la estupidez humana: “EXCUSADO: No
se ha podido saber todavía, pese a los enormes adelantos científicos, porqué se
llama así a las tazas donde va la caca. Lo mismo va para la otra designación
que se le da por acá a los urinarios: ¡INODOROS!”
La Forma, en México, no se limita a las maneras
en la cotidianidad, sino que tiene sus estandartes bien afianzados en nuestro
consciente e inconsciente colectivo. En México muchos pueden hablar mal de tal
o cual gobierno, pero nadie se atreve a tocar a los héroes de la patria y mucho
menos a la Intocable, y no por virginal sino por emblemática, virgen de
Guadalupe. Pero Rius tiene los huevos de decirnos que la virgen de Guadalupe es
un invento de los españoles y que no hubo ni Independencia ni Revolución,
porque no somos independientes ni se subvirtió el orden establecido, y que
Zapata, Villa y los hermanos Flores Magón son los perdedores de la Revolución y
no los héroes de los libros de texto.
El valor de Rius no se limita a tirarle dardos
al poder, sino a declararse ateo en un país fuertemente católico y a poner en
su lugar a la iglesia, tanto en sus perversos y
criminales mecanismos de control y manipulación, como al señalar la ausencia de rigor histórico en la Biblia. Así, Rius nos deja en cueros, sin virgencita y sin héroes, y con ello nos libera de las rémoras que nos anclan, que nos inmovilizan, en consonancia con lo que Vasconcelos decía en 1907: “…no sentimos cómo siente nuestro grupo sino cómo nos inspira nuestro sentimiento superior y nuestra cabeza libre porque somos, antes que patriotas, antes que ciudadanos, antes que hijos de tal o cual Estado, seres independientes sólo ligados con el fin humano y no con el fin local”.
criminales mecanismos de control y manipulación, como al señalar la ausencia de rigor histórico en la Biblia. Así, Rius nos deja en cueros, sin virgencita y sin héroes, y con ello nos libera de las rémoras que nos anclan, que nos inmovilizan, en consonancia con lo que Vasconcelos decía en 1907: “…no sentimos cómo siente nuestro grupo sino cómo nos inspira nuestro sentimiento superior y nuestra cabeza libre porque somos, antes que patriotas, antes que ciudadanos, antes que hijos de tal o cual Estado, seres independientes sólo ligados con el fin humano y no con el fin local”.
A diferencia de muchos
intelectuales que se llenan la boca con la adulación a las culturas indígenas,
Rius, hombre de una inmensa cultura, pone sus conocimientos en boca de un
personaje que sólo él podía atreverse a convertir en el protagonista de sus
historietas: un indio sabio, enigmático, astuto e
inescrutable,
Calzonzin, que envuelto siempre en ¡una manta eléctrica! (cuidado con la ironía
del atuendo) pone la estatura moral y los conocimientos de México y del mundo
en el emblemático enclave de Los Supermachos, San
Garabato. Y para que quede claro su concepto de los intelectuales y su carácter
autodidacta, recordemos el número uno de Los Agachados en donde
Calzolzin le responde a Catarino Vizancio, quien mató a su mujer: “Nomas
no me diga licenciado, yo no me llevo tan pesado”.
San
Garabato es un pueblo mexicano que si no sabemos dónde está es porque los
políticos han prohibido ponerlo en la cartografía mexicana, pero como cada
pueblo en México es un San Garabato, no han podido desaparecerlo. Rius nos
ofrece ahí un digno representante de cada clase social, de cada esfera de poder
y de todas sus variantes y matices.
Rius es el historiador y cronista popular mexicano por excelencia, pero no se conforma con recordarnos la historia oficial, sino que habla de lo que nadie se atreve, de la verdadera historia y de los sucesos contemporáneos tal cual están sucediendo. Por ejemplo, en 1968 contó con una valentía absoluta y sin atisbo de autocensura lo que se estaba gestando (por ello fue secuestrado) y en 1972 describió sin ambages ni eufemismos cómo se organizó y perpetró la matanza del 2 de octubre y de 1971. No esperó a que dejara de haber peligro para contarlo, como casi todos los demás, y lo que contó destripó las entrañas del crimen de Estado.
“¿Espera usted que el
gobierno se castigue a sí mismo?”. Para entender por qué los mexicanos aceptamos la
impunidad como algo congénito en nuestra sociedad, Rius nos lleva a un
recorrido, en el número 98 de Los Agachados por los asesinatos políticos
desde 1919 hasta 1972, todos ellos en la impunidad. En este memorable número,
Rius dibuja a un político mexicano que le dice a otro: “Si me denuncias, te denuncio”, frase que describe con absoluta
precisión el mecanismo de los políticos para perpetuar la impunidad.
Cuando
tuve el honor de entrevistar a Rius en el canal 22, conocía y había disfrutado
con su obra, claro, pero únicamente lo había visto una vez en una subasta para
las comunidades zapatistas donde me firmó una lámina que él donó, la cual
conservo como un tesoro. Por lo tanto, sólo podía intuir el temperamento de esa
leyenda viviente y fue una inmensa alegría ver entrar al estudio de televisión
a ese hombre de sonrisa picante, que contrasta con sus dulcísimos y
melancólicos ojos azules. La entrevista de sólo una hora, debía haber durado
cien, pues se quedaron un sinfín de inquietudes en el tintero. Sus respuestas
francas y punzantes, con ese lenguaje tan suyo, tan lleno de retruécanos y
chanzas, nos llevó de manera deliciosa por las épocas del “México de los
recuerdos”, buenos y malos, festivos y trágicos, así como por las ideas
universales y la memoria de los amigos y los enemigos.
Rius
es además un hombre profundamente generoso y desprendido. Lo digo porque me
consta. Estoy en deuda por siempre con él, pues tuve el atrevimiento de pedirle
un dibujo para un proyecto personal y me respondió enseguida: “Anushka dear,
espero te sirva este monigote. Besos (castos) y abrazos, Dr. Rius Frius”, así,
sin más ceremonia, y claro que me sirvió; gracias a su monigote mi proyecto se
engrandeció enormemente. No exagero cuando digo que lloré conmovida por su
generosidad.
La figura de Rius no se mancha con el paso del tiempo porque está construida sobre algo indestructible: su congruencia. Rius no vive ni va con el disfraz de intelectual ni de artista exquisito ni consagrado, ni de revolucionario; y aunque es todo eso y más, rompe con los estereotipos gracias a su profunda sabiduría, su ideas exentas de lugares comunes (de los cuales está teñida la Forma), su amabilidad sin cursilería, su picardía y sobre todo, su legado a la sociedad mexicana y al mundo. A Rius lo rodea una aureola de auténtica naturalidad, propia de quien sabe perfectamente lo que es y lo que ha logrado en la vida y no necesita demostrar nada a nadie.
La figura de Rius no se mancha con el paso del tiempo porque está construida sobre algo indestructible: su congruencia. Rius no vive ni va con el disfraz de intelectual ni de artista exquisito ni consagrado, ni de revolucionario; y aunque es todo eso y más, rompe con los estereotipos gracias a su profunda sabiduría, su ideas exentas de lugares comunes (de los cuales está teñida la Forma), su amabilidad sin cursilería, su picardía y sobre todo, su legado a la sociedad mexicana y al mundo. A Rius lo rodea una aureola de auténtica naturalidad, propia de quien sabe perfectamente lo que es y lo que ha logrado en la vida y no necesita demostrar nada a nadie.
La combinación de
agudeza y calidez, junto a una historia personal irreprochable, hace que estar
con él sea una experiencia conmovedora, divertida y memorable.
Eduardo del Río, Rius,
artista sin veleidades, hombre de bien y para el bien, jamás ha hecho
concesiones ni ha claudicado. Por eso se ha ganado el respeto de todas las
generaciones.
https://itunes.apple.com/mx/book/80-aniversarius-primera-entrega/id957593988?mt=11
domingo, 1 de marzo de 2015
Mi real derecho a no votar
Mi real derecho a no votar
(dedicado a
los que insultan y chantajean a los abstencionistas)
Arrancó el circo electorero y con él la violencia de
los defensores del voto. En mi muro personal de facebook he posteado que no
votaré y esto me ha llevado a recibir múltiples críticas, chantajes y hasta
¡insultos! Pero es importante señalar un dato: lo han hecho, en un 99%, los que se dicen de izquierda, y muy
especialmente, los miembros y simpatizantes de Morena.
Estos defensores del voto no son defensores ideológicos
del voto o de la democracia electoral, sino defensores de su gallo, de su
partido, y creen que yo estoy obligada moralmente a votar por él, y cuando me
atrevo a decir que yo no voto ni por su gallo ni por ninguno, me insultan, me
maldicen y me chantajean con el petate del muerto: “es tu culpa que gane el
PRI”. No, señores, el PRI gana por quienes lo votan, por el fraude y porque existe un
sistema electoral que lleva a un partido al poder, no por los abstencionistas.
Primero, yo no le digo a nadie que no vote, pues es
una decisión personal; segundo, yo no insulto o critico a quienes votan, pues
es una decisión personal. Yo solamente señalo que no votaré, y hasta digo
porqué, aunque no tendría que justificarme porque no votar es mi real derecho.
Si creen que insultando el nivel de abstencionismo
bajará, están en un error, por supuesto, y, además, es una pésima estrategia política.
En lugar de convencer con argumentos, insultan a los que no votamos.
Además, qué les cuento: el gallo ganador es,
históricamente, la abstención; somos mayoría: el 40% del padrón.
No voto, pero en una elección en México, menos aún. La
inmundicia en el proceso electoral, además de ser el más caro del mundo, es
legendaria. El fraude es apoteósico, por tanto, no voy a sabiendas a que me
tomen el pelo, se burlen de mí y de mi voto. Si eso no es suficiente para no
votar, sumo a esto que la clase política en su conjunto me repugna, y Morena
está compuesta por mandos que han pertenecido a la clase política de este país.
Respeto a los militantes de base, siempre y cuando me respetan a mí. Pero los
dirigentes son parte de la clase política que tiene al país como está, pues vienen
del PRD y del PRI. No, la gente no se limpia de pecados cuando se bautiza en
las aguas de Morena; no, señores. Para empezar, recordemos que todos los partidos votaron en
el 2000 en contra de los Acuerdos de San Andrés. Pero, bueno, no tengo que
justificar mi abtencionismo electoral; simplemente no voto porque es mi real derecho.
¿Candidatos independientes? ¿Quiénes son? ¿Por qué voy
a delegar en alguien que no conozco el destino de mi país? ¿Por qué voy a
delegarlo en nadie?
Los defensores del voto me responden con aspavientos:
¿entonces qué hacemos? Si no hay líderes, partidos o clase política, no podemos
hacer nada. ¿En serio pensamos eso? Como muchos saben, yo defiendo la autonomía
comunitaria. Y eso es lo único con lo que comulgo: tomar las riendas de mi
comunidad junto con los miembros de ésta y decidir nuestro destino en
democracia abierta, no electoral. Pero no me extenderé en esto, primero, porque
no es el tema de esta entrega, y segundo, porque no quiero convencer a nadie de
nada.
Los partidos que pierdan las elecciones alegarán que
se hizo fraude. Esto es indignante, pues hoy ya saben que se hará fraude, así
que es incongruente participar en un fraude y después echarle la culpa de la
derrota al fraude. A menos que no les importe, pues lo que les importa es
seguir con el juego y seguir viviendo de él.
La política es un negocio, una profesión de la que vive la clase política, y yo no estoy dispuesta a legitimar con mi voto a personas que
viven de la política. Que con eso no acabo con este sistema perverso, claro que
no, pero al menos no colaboro a su continuidad.
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